Me gusta ese dicho popular que dice que en la vida solo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos. A mí me gustaría añadir una tercera: comprar derivados del petróleo.
El mundo es tan dependiente del “zumo de dinosaurio” que cualquiera que lo controle tiene más poder que cualquier ejército, y eso lo hemos podido ver con el cierre del estrecho de Ormuz. En cuanto el precio del petróleo sube, los países occidentales, tan hermanados desde la Segunda Guerra Mundial, empiezan a renegar responsabilidades y lo unen todo en un eslogan barato que siempre vuelve generación tras generación: el “no a la guerra”.
Y, por un lado, lo entiendo. La democracia es el sistema político que da poder al pueblo, y malas decisiones a los políticos para no perder un saco de votos. Y lo peor es que, en parte, lo entiendo: es muy bonito hablar de empatía por el pueblo iraní, pero al final, cuando me levanto por la mañana, mi película va sobre mí y mi familia. Y cuando no llego a fin de mes, lo que ocurre en un país a 50.000 kilómetros no me parece tan importante… hasta que me afecta.
Y claro, explicarle a la población europea, llena de comida basura, dopamina barata y paz a base del gasto militar estadounidense. Que ellos llevan 10 años pagando todo más caro —ya que Irán y sus proxys atacan navíos para jugar con el precio del barril sin llegar a colapsar el mercado, y así poder vender sus barriles a un precio más elevado a los pocos países que están dispuestos a comprarle al “satán del turbante”—, y que seguramente un 10% de su salario de los últimos 30 años se fue gracias a los ayatolás, es pedir demasiado.
El mundo tenía la opción de mejorar la economía mundial; solo hacía falta un poco de coraje, pero prefirió mirar para otro lado, dejando a los valientes otra vez solos y a Occidente demostrando que todos los imperios llegan a su fin. La victoria militar israelí y estadounidense era impresionante, pero una vez más en la historia, Occidente ganó una batalla y sus enemigos ganaron la guerra.
Mi pregunta ya no es si Occidente sobrevivirá, sino de qué color llevará tu hija el burka. Pero no te preocupes, que tú puedes seguir llenando el tanque de gasolina por 50 dólares.