Seguro que algún día, sentado en un café, en una reunión con amigos o en cualquier lugar de la marcha cuyo nombre no quieres acordarte, has escuchado alguna crítica hacia alguien. Es más, me atrevo a decir que tú también lo has hecho, a no ser que sudes agua de mikve.
Y la verdad es que es algo humano, pero negativo, que puede hacerte daño. Pero hay algo que te comentaron menos en la niñez que te hace más daño: cómo hablas de ti mismo o de tu futuro.
Si estás de acuerdo conmigo, te recomiendo que sigas leyendo, y si estás en contra de lo que digo, te recomiendo que sigas leyendo.
Todo está oculto en el tratado de Arakhin, y el Talmud podrá decir muchas cosas, pero nadie me puede negar que no está bien pensado.
La frase es: "La lengua puede destruir más que un arma". Criticar es un arma de doble filo. La crítica correcta, en el momento correcto, puede hundir una empresa en Wall Street, o criticarte a ti mismo puede hundir ese golpe de suerte que ibas a tener mañana por la tarde.
Así que no te centres en no criticar a los demás; céntrate en no criticarte a ti mismo.
Te diría que la palabra tiene poder, pero mejor te digo que la palabra sostiene el futuro. Háblale bien a tu hijo, háblate bien a ti mismo cuando tengas un problema, porque la vida es dura a veces. No hay pena que dure 100 años y todo es para bien; todo es parte de un plan perfecto de un arquitecto perfecto. Si tú hablas de pilares, Él te construye la casa.
Mi truco judío hoy, quizás, es el más importante: háblate bonito y todo será bonito. Y si te cuesta, porque eres negativo, escríbelo en un papel. Y si, a pesar de todo, tu vida se hunde, habla bien de los demás y el mundo será un mejor lugar gracias a ti.